Rusia y China ya no temen ante Estados Unidos



Expertos independientes del Congreso del País, advierten un riesgo en su seguridad nacional que no se veía en décadas.


Congreso advierte de derrota de EEUU en guerra con Rusia y China. (Foto: HispanTV Nexo Latino)


El Congreso solicitó a la Comisión para la Estrategia de la Defensa Nacional que realizara un estudio independiente e imparcial sobre la estrategia de defensa del gobierno de Trump.
Fue presidido por Eric Edelman, un exfuncionario del Pentágono durante el ejecutivo de George W Bush, y el admirante Gary Roughead, ex jefe de operaciones navales.
Ambos son personas conocedoras del presupuesto de defensa, así como expertos en los pasillos del Pentágono.
La llegada del presidente Trump a la Casa Blanca coincide con un giro en las prioridades militares del país: lejos de las operaciones contra la insurgencia y la guerra contra el terror y más centradas en un potencial conflicto contra sus principales competidores, como China o Rusia.
Incluso aquellos competidores no principales, como Irán o Corea del Norte, están presentado nuevos y peligrosos desafíos.
Las implicaciones son enormes para el ejército estadounidense.
En lugares como Irak o Afganistán, por ejemplo, han estado operando en ambientes sin ninguna amenaza aérea a las fuerzas estadounidenses, y ningún desafío importante (aparte de la geografía) a sus comunicaciones, como el uso del GPS, etc.
Mientras tanto, potenciales adversarios -como China y Rusia- han estado estudiando al ejército estadounidense y continúan modernizando sus fuerzas armadas, reforzando sus ventajas tradicionales al mismo tiempo que exploran nuevas vías para contrarrestar la fuerza de Estados Unidos en áreas en las que ha sido dominante.
En muchas de estas áreas, Estados Unidos tiene mucho que hacer para ponerse al mismo nivel.
Eso significa readaptarse y reequiparse, pero es mucho más que eso. Requiere un esfuerzo masivo para impulsar la innovación y avanzar con tecnología clave: inteligencia artificial, redes de banda ancha de nueva generación, etcétera, que pueden proveer un elemento crucial de superioridad en una batalla futura.
El informe frena la grandilocuencia con la que el presidente Trump ha presentado su estrategia nacional de defensa. Pero este no se trata de un documento revolucionario, ya que comparte la visión estratégica que define el pensamiento del Pentágono.
Estados Unidos no se entrena para luchar solo, sino con aliados. El presidente Trump se ha centrado en un solo aspecto de esta relación: el reparto de responsabilidades, la necesidad de que los países de la OTAN en particular gasten más en su defensa colectiva.
Pero Trump se ha alineado y ofendido a sus aliados por la manera en que lo ha hecho.
Ya no vivimos en un mundo donde hay una clara distinción entre la paz y la guerra. El espacio entre estos absolutos está lleno de una variedad de desafíos y escollos: operaciones de información, asesinatos políticos, ciberataques y actividades militares por parte de fuerzas o proxies cuya identidad solo se aclara con el tiempo (piensen en las tropas rusas operando como "los pequeños hombres verdes" en Crimea).
Afrontar esta nueva y compleja realidad necesita una nueva estrategia, un nuevo pensamiento y nuevas herramientas. Pero también requiere una nueva mentalidad por parte del gobierno y eso puede ser lo más difícil de conseguir.




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